Un susurro al viento del puñado de neuronas que nos caracterizan

viernes, diciembre 08, 2006

Comentario de J

Queridísima tacita:

Naturalmente, debo comenzar con un pedido de discuplas.

-Disculpemé, doña tacita.

La he conservado más de lo utópicamente lícito. Lo que es peor; ha sido el desgano y no un regodeo o egoísmo -que eso se perdona- lo que la sujetó a mi presencia.
Me pregunto, también, que tan significativo es el hecho de perderme en burocracias -del cuerpo y de la mente- canjeando, subvalorando, renegociando y -en fin- demorando la transacción que la alejaría de mí -tal vez- para siempre: ¿Qué dice de las esperanzas utópicas, la falta de responsabilidad de un gris como el que escribe estas líneas?

Creo que dice que equivocó el rumbo, querida tacita. Que soy un desvío. Por suerte, tengo ahora la posibilidad de resarcirme y colorizarme un poco: puedo ponerla sobre ruedas de nuevo, cara tacita, en mejor camino. Ya verá... no me voy a equivocar.

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Curioso. Todo gana un + de utopía cuando es ruso. Sé que no tiene nada que ver con tus objetivos, pero igual te comparto mis angustias en esos campos:
¿Yo? Yo canto como Svietlana

¡Eh!...¡Eh!...
No hemos roto la tacita azul

Y así disimulo mi falta de compromiso. Hemos heredado todo roto, nada que hacer -me miento- y dejo las responsabilidades para los "crédulos" (que vienen a ser los que salvan el mundo al final del día, cada día).

El ejército blanco hizo algo. Aún estamos tirados culo arriba pensando que pasó. De un tiempo a esta parte, el imperio que se caía (una vez en los 20' y otra en los 60'-70') ahora domina, sólo... se regodea. El ejército rojo no se ha desplegado: lo han reventado a culatasos. Ha sido traicionado. Sus soldados, en plena huída, han tenido tiempo de sodomizarse y aniquilarse entre ellos. Y ahora controlan todo: hasta el pensamiento controlan, hasta el lenguaje...
El ejército blanco encuentra antídotos. Ante las masas proletarias, inventa la burocracia y extermina las amplias mayorías (en cuanto tales). Ante las rebeliones estudiantiles, inventa las vacaciones.
Ante la guerrilla, el exterminio.

¿Y la tacita?

Todos tenemos nuestras tacitas. Usté conoce la mía. Tan crédula como todas. Muy modernosa, con tecnología, con vistas al futuro inmediato... y eso es, quizá, lo que más me gusta de usté, tacita. Que, en tanto proyecto de compartir, de movilidad, de liquidez, la tacita se asemeja al sharing. Todo, para todos. No entre todos, no repartido entre todos. Sino: todo, para todos. Eso es brutalmente inentendible en el lenguaje de los blancos, sectarios adoradores de la gran Propiedad Privada.
Le envío un saludo, todo lo cariñoso que este gris Gregorio Samsa es capaz de generar. Y me despido de usted.

Para todos.

-J.

lunes, agosto 14, 2006

Comentario de Diego

Carta leve, calma, al libro que descansó meses en mi biblioteca, lo contrario a la lectura de sus páginas, que fue breve, rápida, casi tanto como el camino que recorren padre e hija al salir a la aventura, casi me tiento y abro nuevamente sus páginas, pero me quedo con el deseo de ver qué le sucede a mi memoria afectiva con esta historia, de marcos políticos y andadas afectivas, pues justamente la segunda parte, el nudo de ese andar, la necesidad de salir al verse expulsados por la incomprensión, será que es así, pues lo que recuerdo es aquella injusticia frente a lo que el hombre no había hecho, por lo que temía ser culpado por su esposa, sensaciones que ahora me remiten más a un niño asustado que a un hombre adulto con una mujer adulta, cierta cosa patológica en ese vínculo me resultó más asustador que todo el marco de guerra, racismo y persecución que puede olerse alrededor de ese padre y esa hija, conociéndose más en el camino, como suele suceder en este tipo de relatos donde el salir del lugar conocido en busca de alguna sorpresa básica transformadora ya instala un cambio, por la pura decisión de salir, de buscar, de buscarse, de mirar al mundo con otro caminar, para que el propio mundo nos mire con otros ojos y nos regale otros suelos a nuestros pies, claro que recuerdo al hombre volviendo a su casa, a los brazos de la misma mujer que parecía no entenderlo y se lo entiende menos a él, regresando donde no se lo tiene en cuenta como adulto, como si se metiera en el vientre materno pero ya sin el líquido amniótico, cada cual sabrá lo que hace, dónde lo hace y con quién lo hace, sea lo que fuese el accionar, lo que no quiere decir que las sensaciones del que lee la historia no lo tienten a querer hablarle a los personajes para decirle “da un salto mayor que todos los saltos, llega más alto que lo más alto del techo de esa casa de la que partiste”, como ya lo dije, suelto el libro, dejo que camine con libertad, para que llegue a algún otro, que no lo amarre y le hable con sus palabras, lo que surja de sus conversaciones, por eso, te deseo andares nuevos y me despido, con la alegría de dejarnos ser.

D. O. R.

viernes, noviembre 04, 2005

Comentario de Facundo

Inhalo.
Empecemos desde las tripas. En primer lugar en Rusia nunca existió el comunismo en lo que se refiere a términos marxistas. En Rusia sí existió el socialismo, o por lo menos se intentaba encaminar hacia eso, muchas medidas políticas de Lenin así lo avalan (igual este es un tema muy complejo para debatirlo ahora), transformándose luego con Stalin en lo que ya sabemos todos.
Segundo: ¡OH!, casualidad, yo también en un momento quise armar una revista literaria, pero como todo pensamiento juvenil, le falto un poco de consistencia.Tercero, acá va mi comentario del libro: el imperio utiliza entre otras cosas a la cultura para imponer sus ideas, y los chicos no están exentos de esto. ¿Quién se lleva el papel protagónico en este caso? Nuestro amigo Micky Mouse y todo su séquito, o si les gusta más, Disney. Precisamente ahora entre mis manos tengo un recorte de una historieta de Donald donde hay un grupo de manifestantes, y se lo ve a él ofreciéndoles limonada y persuadiéndolos a que tiren sus estandartes, o sea, a que dejen de protestar, y vayan a saciar su sed, o dicho de un modo menos solapado, a que se entreguen al conformismo; así, los patrones y valores del imperialismo penetran en la vida de los más chicos, quienes a través del "entretenimiento", asumen como naturales las relaciones capitalistas.La tacita también intenta a través del entretenimiento reproducir valores, claro que muy distintos a lo del ejemplo recién, valores que tienen que sirven para afianzar y consolidar el proceso revolucionario que se venía dando. Toda la historia del cuento: la tacita que se rompe, el padre y la hija que deciden marcharse de la casa, las personas que conocen por el camino, luego cuando vuelven y se reencuentran, es un pretexto, un marco, para que el autor pueda por fin decir lo que quería, la idea central, que es que el ejército rojo son los buenos, y los blancos los malos; esto claro está llevándolo a una simplificación acorde a lo que a esa edad los niños pueden llegar a comprender. Particularmente no creo que en la historia haya "buenos" y "malos" (salvo en ocasiones de extrema obviedad), para mí las cosas son un poco más complejas.El ejército rojo es el que rescató a mamá, papá precisamente como soldado de éste, y esto desencadenó en que se hayan conocido, y en que luego me hayan tenido; el ejército blanco es malo, puso en prisión al abuelo, a los obreros y obreras; mamá se quedó en la calle, se tuvo que ir de la ciudad; así creo yo, pensaría mas o menos la niña del cuento. Se sabe que los blancos eran el ejército contrarrevolucionario, el que venía a terminar con la revolución del 17, y que los rojos eran las fuerzas bolcheviques, los que habían tomado el poder por medio de la revolución y la estaban defendiendo. Quizás sea demasiada historia, pero para "entender" una obra de arte, en este caso la literatura, es necesario situarse en el contexto histórico en el que se está atravesando en ese momento.Resumiendo, creo que para avanzar en un proceso revolucionario, entre otras cosas, es necesario cambiar la cultura hegemónica del imperialismo. Este libro contribuye a eso. También creo que es muy difícil hacer una obra de arte que genere conciencia revolucionaria sin que se termine convirtiendo en un mero panfleto de izquierda; la tacita, si bien es un cuento infantil (sin desmerecerlos por supuesto), creo que lo logra. No sé, creo que eso es todo; yo no suelo hacer este tipo de cosas, es más, es la primera vez que hago algo así, por lo tanto sepan disculpar semejante hacinamiento de mediocridad.P.D: acepto devoluciones de cualquier índole (especialmente a la del segundo punto, no sé si me explico), eso sí, no me pidan que les devuelva el tiempo perdido porque excede mi contrato existencial.
Saludos.
Facundo.
Exhalo.

Comentario de Elizabeth

¿Es posible que un hecho como romper un nimio objeto desencadene la huida de casa de un padre y su hija? Lo es cuando el hecho en cuestión es una excusa para narrar una historia que hubiera ocurrido de todas formas. ¿Por qué? Porque los eventos de La tacita azul ocurren en respuesta a una necesidad ajena a la narrativa. Las acciones que se narran obedecen a una voluntad panfletaria, propia del regimen que gobernaba a la nación rusa en 1936.
Los mandatos comunistas, la justificación del niño Sanka, la alternacia ilógica entre los prados bucólicos y los campos sembrados de soldados rojos, el pasado militante del narrador y Marusia: todos ellos son indicadores de una relación transparente entre el regimen y sus escribas, entre la doctrina y sus ejecutores ideológicos. La tacita azul deja entrever ese lado de la literatura en el cual la política la toca de una manera improductiva; refleja ese estadio en el que los recursos narrativos son eclipsados por la necesidad de difunfir una idea única, suprema e inapelable. De esa forma, la historia pierde importancia y carece de matices: podrían haber sido Marusia y Svetlana, podrían haber sido Liubke y Natasha: lo importante era comunicar una idea (la idea comunista), un símbolo (la nación comunista: el final feliz, el flameante vestido-bandera roja de Marusia, esperando, reconciliando), no contar una historia.
El arte toca la política (o viceversa) en momentos, a mi juicio, muy interesantes. Algunos son: Ricardo III (Shakespeare); el relato "Reunión" (Cortázar); Por quién doblan las campanas (Hemingway); Los pichiciegos (Fogwill). Estos momentos mencionados no pertencen a una enciclopedia canónica sino a la historia de mis lecturas y a mi propia pasión al descubrir cómo la literarura narra la Historia una y mil veces, engarzándola de forma crítica y única.
Si tuviera que hacer circular un libro, lanzaría alguno de los mencionados. También El jardín secreto, si se trata de niños y cuentos. La circulación del libro, como me dijo una amiga, tiene que ver con la pasión por la lectura, por esa necesidad de encajar el libro leído a otra persona, para que atraviese esa experiencia.
Más que la circulación del libro objeto propongo la circulación de las lecturas.

miércoles, octubre 26, 2005

La Gran Entrada al Escenario Cultural Virtual

Viajando en el subte se puede ver de todo. Incluso magia.
Sucedió una vez que al último vagón de un tren de la línea A subió una pareja de ropas vistosas y una capa azul brillante que tenía inscripta la palabra extranjera "easy". La muchacha empezaba a caminar dentro del primer sector del vagón repartiendo folletos entre los viajantes que éstos recibían con la mayor de las indiferencias. Un minuto después el muchacho, soga en mano, entraba en escena y, con la ayuda de la muchacha, mostraba un truco de magia. Paso seguido la chica avanzaba hacia el siguiente sector para conticuar el reparto, y el muchacho hacía un truco más, con la ayuda de algúno de los pasajeros. La cercanía de los espectadores al mago (un metro como máximo) enriquecía la sensación de lo mágico porque al no poder dilucidar dónde está la trampa desde tan corta distancia, necesariamente hay que dejar lugar al instinto de que es real, la soga queda recta en lugar de obedecer a la gravedad porque el mago posee poderes que le permiten manipular la naturaleza de las cosas.
En el final, el mago se despidió, continuó su magia en el vagón más adelante, y al retirarse dejó tras de sí un halo de sonrisas. Y un montón de miradas fijadas con cariño cada una en su respectivo folleto: 10% de descuento en artículos para baño.
La conclusión luego de esta escena es que queda algo de ternura en la gente, y que el capitalismo está cada vez más inteligente.
Por eso, La Tacita Azul nace como expresión cultural que trata, no de imponer sus ideales, pero sí de ser más que un punto en el vacío.
La Tacita Azul nace como grito sordo que quiere volverse voz, y, con el tiempo, espera lograrlo.