Un susurro al viento del puñado de neuronas que nos caracterizan

viernes, noviembre 04, 2005

Comentario de Elizabeth

¿Es posible que un hecho como romper un nimio objeto desencadene la huida de casa de un padre y su hija? Lo es cuando el hecho en cuestión es una excusa para narrar una historia que hubiera ocurrido de todas formas. ¿Por qué? Porque los eventos de La tacita azul ocurren en respuesta a una necesidad ajena a la narrativa. Las acciones que se narran obedecen a una voluntad panfletaria, propia del regimen que gobernaba a la nación rusa en 1936.
Los mandatos comunistas, la justificación del niño Sanka, la alternacia ilógica entre los prados bucólicos y los campos sembrados de soldados rojos, el pasado militante del narrador y Marusia: todos ellos son indicadores de una relación transparente entre el regimen y sus escribas, entre la doctrina y sus ejecutores ideológicos. La tacita azul deja entrever ese lado de la literatura en el cual la política la toca de una manera improductiva; refleja ese estadio en el que los recursos narrativos son eclipsados por la necesidad de difunfir una idea única, suprema e inapelable. De esa forma, la historia pierde importancia y carece de matices: podrían haber sido Marusia y Svetlana, podrían haber sido Liubke y Natasha: lo importante era comunicar una idea (la idea comunista), un símbolo (la nación comunista: el final feliz, el flameante vestido-bandera roja de Marusia, esperando, reconciliando), no contar una historia.
El arte toca la política (o viceversa) en momentos, a mi juicio, muy interesantes. Algunos son: Ricardo III (Shakespeare); el relato "Reunión" (Cortázar); Por quién doblan las campanas (Hemingway); Los pichiciegos (Fogwill). Estos momentos mencionados no pertencen a una enciclopedia canónica sino a la historia de mis lecturas y a mi propia pasión al descubrir cómo la literarura narra la Historia una y mil veces, engarzándola de forma crítica y única.
Si tuviera que hacer circular un libro, lanzaría alguno de los mencionados. También El jardín secreto, si se trata de niños y cuentos. La circulación del libro, como me dijo una amiga, tiene que ver con la pasión por la lectura, por esa necesidad de encajar el libro leído a otra persona, para que atraviese esa experiencia.
Más que la circulación del libro objeto propongo la circulación de las lecturas.